Las herramientas de la profesión
El practicante trabaja de manera eficaz con la intención de alcanzar el objetivo del proceso: crear un cambio en la vida del cliente, en su cuerpo y en la manera que éste percibe la realidad. Estos cambios a distintos niveles se manifiestan a lo largo del proceso y el practicante los reconoce y los incorpora. Las herramientas que utiliza son el tacto y la comunicación verbal.
El tacto como lenguaje
El tacto se utiliza habitualmente para relajar músculos, estimular la circulación, reducir el estrés o equilibrar el flujo de energía. El Método Grinberg utiliza el tacto para enseñar; el practicante se comunica con el cuerpo del cliente utilizando diferentes tipos de tactos que tienen la intención de instruir y llevar su atención a una zona determinada y a las sensaciones que se despiertan.
Durante los tres años de estudios se enseñan cuatro tipos básicos de tacto que pueden aplicarse de diferente manera. Se enseñan alrededor de unas cien técnicas, que son la combinación de varios tipos de tacto aplicados en diferentes direcciones, con diferentes intensidades y ritmos, con la intención de enseñar una lección específica. Estas técnicas, al igual que las instrucciones verbales, llevan la atención a una zona determinada del cuerpo y le permiten pasar por una cierta experiencia y hacer lo que de forma natural el cuerpo hace, sin interrupciones o interferencias de la mente o conclusiones del pasado.
El objetivo es que el cliente sea capaz de controlar y de escoger reaccionar a lo que está pasando o dejarse llevar por la experiencia junto con las sensaciones que ésta comporta. Por tanto, el practicante de ninguna manera hace el trabajo por el cliente, sino que le enseña cómo alcanzar este objetivo.
Una posible lección es, por ejemplo, enseñar a través del tacto a una persona cómo relajar y soltar sus músculos contraídos. De esta manera, permitiremos, por un lado, que se intensifique la circulación en el cuerpo y, por otro, que se relaje profundamente. Otras lecciones tienen la intención de enseñar cómo identificar, utilizando el tacto, reacciones o patrones automáticos que la persona mantiene en el cuerpo para que ésta pueda pararlos una vez haya aprendido, como una experiencia física completa, como los crea y los repite.
Al tratar con el dolor, en lugar de intentar curarlo, el practicante utiliza el tacto para enfocar la atención del cliente sobre éste, mostrándole la manera cómo se pelea con él y dándole instrucciones para que no lo evite o se resista a él de manera automática, sino que permita la experiencia que éste le produce. Cuando el cliente aprende a darle suficiente atención al cuerpo, éste puede tratar con la causa o el origen de este dolor.
El Método Grinberg llama al momento en que el cuerpo se equilibra “dejar que el cuerpo haga su trabajo”. A través del tacto, enseñamos a la persona a conseguir un estado de atención en el que el cuerpo utiliza toda su habilidad natural para recuperarse.
Cuanto más avanza un proceso, también crece la capacidad del cliente para aprender a través del tacto; es entonces cuando el practicante puede acceder de manera más profunda a temas más intensos en la vida de la persona. El tacto puede despertar memorias y acontecimientos antiguos o incompletos. En estos casos la persona aprende a completarlos, sin necesidad de entenderlos; experimentando lo que no pudo ser experimentado en su momento. Esto permite a las personas soltar traumas, acontecimientos y emociones antiguas que muchas veces mantienen sin elegirlas, bien porque no son conscientes o porque no saben cómo librarse de ellas.
El practicante planifica una estrategia para utilizar los diferentes tipos de tactos y técnicas adaptándolos a las necesidades individuales de cada cliente. No hay recetas ni se trabaja de manera repetitiva o general con los clientes. Cuánta más experiencia tiene el practicante, más efectiva será la comunicación a través el tacto; el practicante será capaz de llegar a los lugares adecuados con más precisión, adaptándose al cliente para que éste aprenda de la manera más rápida las lecciones que necesita.
Utilizar el tacto para enseñar es un arte. Sus infinitas posibilidades ofrecen un espacio creativo en el que las personas pueden aprender, cambiar y desarrollarse.
Hablarle al cuerpo
La comunicación verbal se utiliza como otra forma de enfocar intensamente la atención del cliente y crear un efecto en su cuerpo. El practicante aprende a ser directo y preciso utilizando lenguaje descriptivo y dando directrices claras, evitando expresar su opinión o creencias personales.
La palabra se combina con el tacto para facilitar el entendimiento entre el practicante y el cliente y garantizar que ambos están enfocados en lo mismo. El practicante evita utilizar expresiones o nombres que puedan ser interpretados de forma distinta por el cliente, creando confusión. Por ejemplo: enfado o frustración son palabras que se utilizan muy a menudo y que pueden interpretarse o llevar a una experiencia muy diferente de una persona a otra. Términos psicológicos, justificaciones, explicaciones o interpretaciones son con frecuencia generalizaciones y pueden crear imprecisión y reducir la experiencia del individuo.
Durante los estudios el practicante aprende a percibir a sus clientes con más precisión y claridad y a utilizar herramientas de comunicación verbal, tales como descripciones y cuestionarios, que permitan la obtención de resultados. Cuando las experiencias son descritas con claridad se vuelven más reales para el cuerpo y van más allá de un conocimiento únicamente mental. De este modo el cliente aprende de una manera más clara, ganando atención y siendo más fiel a lo que siente. La atención de la persona deja de estar definida por conceptos verbales y se transforma en una experiencia en el cuerpo y entonces la persona tiene la posibilidad de aprender a un nivel más amplio, profundo y detallado.