El contenido de un proceso de aprendizaje
El objetivo de un proceso de aprendizaje es ampliar la percepción de la persona respecto a quién es y a cómo se relaciona con su realidad. Lo que sigue a continuación es una descripción de los diferentes conceptos que se aplican al enseñar a un cliente.
Conciencia del cuerpo
Hoy en día tendemos a ser muy mentales. Cada vez necesitamos menos movernos, caminar, utilizar el cuerpo. La gente vive más desde la mente y menos desde el cuerpo. Es una tendencia global que continúa creciendo. Hace miles de años, si no eras fuerte, rápido y prestabas atención, no podías conseguir alimento y morías de hambre. Hoy en día, puedes ser rápido y fuerte navegando en internet y sin salir de la silla puedes convertirte en el hombre más rico del mundo y que los mejores chefs te hagan la cena. Incluso el placer se ha vuelto una actividad mental. Todo esto puede parecer normal y aceptable para nuestras mentes, pero percibir solo desde nuestra mente nos hace olvidar que somos mortales y que necesitamos nuestro cuerpo para existir en nuestra realidad temporal.
Como sociedad hemos perdido la conciencia de que somos nuestro cuerpo, lo que nos lleva a diferentes niveles de negligencia. No comer lo que se necesita, adoptar actitudes poco naturales para el cuerpo, no hacer ejercicio o juzgar el cuerpo y quererlo diferente son algunos ejemplos comunes que conducen a diferentes trastornos en la salud. Los desordenes alimenticios, por ejemplo, son actualmente una clara manifestación de hasta donde puede llegar nuestra cultura; en el pasado los humanos no podían permitirse este tipo de problema. Y al olvidar el cuerpo, solo somos concientes de la interpretación que la mente hace de la realidad. En lugar de experimentar y participar de la vida, la observamos como si de una película se tratara. Todo esto nos lleva al vacío y al aburrimiento.
El Método Grinberg trata de cambiar la idea de que se pueden reemplazar partes del cuerpo cuando éstas dejan de funcionar o ser cómo quisiéramos. y acercarnos a la idea de que “yo soy mi cuerpo”. La gente puede aprender a vivir desde sus cuerpos ampliando su atención y su percepción y, por tanto, reconociendo lo que es necesario para mantenerse fuertes, saludables, jóvenes y vivir su vida más intensamente. Utilizando el tacto, el practicante enseña a una persona a relajarse, a reducir su diálogo interno y a controlar las funciones de la mente, lo que le permite silencio, desarrollar su concentración y experimentar cualquier sensación física con una mayor intensidad.
Estar dispuestos experimentar miedo y dolor
Desde el momento que nacemos hasta el momento de nuestra muerte, percibimos y experimentamos miedo y dolor, el nuestro y el de la gente a nuestro alrededor. Aprendemos de nuestros padres, profesores, amigos y de cualquier persona cercana cómo responder a situaciones dolorosas o que nos asustan. Generalmente hemos aprendido a evitar o a resistirnos a estas sensaciones, a pretender que no estaban allí o a culpabilizar a alguien o a algo por sentirlas. Las culturas, sus leyes y estructuras sociales, están construidas bien para evitar el miedo y el dolor o para utilizarlos para mantener el status quo. Muy raras veces nos han enseñado a transformar algo que nos asusta o que es doloroso en una experiencia de aprendizaje que nos da poder.
El resultado de todo esto es que hemos creado actitudes en nuestro cuerpo para limitar nuestra percepción del miedo y del dolor, a pesar de que el cuerpo es perfectamente capaz de experimentar y utilizar estas energías. Un ejemplo típico de cómo respondemos al miedo y al dolor es hacer todo lo posible por evitarlos. Para conseguirlo no nos atrevemos a ciertas cosas o nos definimos de maneras fijas- diciendo: “yo soy así”- que no nos permiten tener nuevas experiencias.
El miedo y el dolor han estado presentes en cualquier momento de nuestras vidas. No queriendo experimentarlos, vivimos sin tomar muchos riesgos, hacemos solo lo que “sabemos” hacer y tenemos sueños y perspectivas determinados por nuestra posición social o lo que percibimos como nuestros límites. Intentamos complacer a los demás para evitar críticas o sentirnos juzgados y renunciamos a nuevas ideas por las que desearíamos luchar. Al final acabamos repitiéndonos y nuestro pasado se acaba convirtiendo en nuestro futuro; no hay espacio para nada nuevo y la aventura y excitación de la vida acaban por reducirse hasta casi desaparecer. El esfuerzo por evitar constantemente el miedo y el dolor nos debilita y hace que la experiencia se alargue y se vuelva más difícil de superar.
El Método Grinberg enseña a percibir el miedo y el dolor desde un lugar diferente. Pueden transformarse en experiencias que nos dan poder en lugar de empequeñecernos. Podemos aprender a ganar consciencia y cambiar respuestas habituales a miedos y dolores antiguos que todavía están vivos en el cuerpo. El trabajo del practicante es enseñar a la persona a experimentar e integrar estas energías en el cuerpo en lugar de resistirse a ellas o tomar distancia. Al parar reacciones automáticas a ambas, el miedo y del dolor se transforman en fuerza y energía vital. El miedo y el dolor presentes hoy en día pueden darnos la fuerza que nos permita reforzar nuestra voluntad y conseguir nuestros sueños, deseos y objetivos. Una parte importante de un proceso de aprendizaje se sostiene sobre esta idea.
Recuperación
Un gran número de gente sufre dolor crónico, fatiga o cansancio, desórdenes en la digestión, dificultad en la respiración o falta de sensación en ciertas áreas del cuerpo. Por otro lado, hay personas recuperándose de enfermedades, accidentes u otros tipos de traumas. En la mayoría de los casos, seria posible una recuperación rápida y completa ya que el cuerpo tiene la habilidad natural de sanarse a si mismo. Sin embargo, es frecuente que la recuperación requiera de más tiempo y no sea total y que el sufrimiento se alargue. Esto sería distinto si las personas no trataran de distanciarse del miedo o del dolor inherente a estas situaciones. En cambio, la gente se aísla del síntoma o de la herida creando esfuerzo en el cuerpo para no sentirlos y consiguiendo así ignorar y olvidar la zona y las sensaciones en ella. Al hacer esto, reducen drásticamente la capacidad de curación del cuerpo.
Una reacción común de una persona con una lesión en la muñeca será tensar el brazo y el hombro, diminuir la respiración, limitar el uso y el movimiento de la zona, todo con la intención de evitar sentir el dolor. Al dejar de prestar atención a la zona, la muñeca tardará más en curarse o no se recuperará totalmente de la lesión.
En el caso de un trauma, la mayoría de las veces, mientras está sucediendo la persona no sabe que hacer con esta experiencia, o no sabe encajarla o hace todo lo posible para distanciarse de ella. Una vez ha finalizado la situación traumática, el miedo y el dolor que han aparecido en ésta permanecen en el cuerpo y la persona los continúa sintiendo. Por otro lado, a pesar de que la experiencia traumática haya terminado, la persona sigue utilizando su energía para mantener el esfuerzo que le permitió evitarla cuando ésta se produjo. Esto tiene como consecuencia efectos secundarios dañinos y que pueden agravar la condición general de la persona.
Aislarse del miedo o del dolor o resignarse a convivir con la condición, la lesión o el trauma son actitudes igualmente nocivas que debilitan la salud de la persona. Para que la curación sea posible es necesario que la persona aprenda a concentrarse y a experimentar la condición en el cuerpo en lugar de reaccionar a ella o interpretarla desde la mente.
En un proceso de recuperación un practicante trabaja para que el cliente permita plenamente el proceso natural de curación. El practicante no añade o extrae nada de la situación, no cura, arregla o corrige, sino que crea las mejores condiciones para que el cuerpo del cliente haga su trabajo de forma natural. La persona aprende a enfocarse en la condición, a reducir esfuerzos irrelevantes, a relajarse, a concentrarse y a estar en silencio y a permitir la experiencia del miedo y del dolor usando así toda su energía en el proceso de curación y recuperación.
La brecha entre el potencial básico y el potencial actual
Nacemos con una serie de cualidades que definen nuestro potencial básico. A lo largo de nuestra vida algunas de estas cualidades evolucionan y se desarrollan, otras son reprimidas, juzgadas o reducidas y otras se vuelven inaccesibles ya que ni siquiera tenemos conciencia de ellas. Así es como se acaba conformando nuestro potencial actual. Éste raramente incorpora todas nuestras cualidades básicas ya que hemos sido educados para valorar sólo unas algunas de ellas, para obtener metas culturales comunes o para satisfacer expectativas sociales. Creamos una imagen imprecisa de nosotros mismos y acabamos teniendo una idea poco clara de estas cualidades. Nuestra percepción se estrecha y las posibilidades en nuestra vida se reducen. Por ejemplo, alguien brillante puede creerse que es estúpido e incapaz a raíz de lo que le dijeron en la escuela.
El Método Grinberg se enfoca en la brecha que existe entre el potencial que las personas tienen y como éste se expresa en la realidad. Esta brecha la podemos observar en la manera cómo la gente piensa, siente, actúa y experimenta la vida. Para la mayoría de personas esta distancia es considerable y la perciben como algo imposible de superar; aquello que en un momento desearon se vuelve algo indefinido o inalcanzable. En lugar de satisfacer su potencial, la gente permanece ocupada en sus cabezas en largas discusiones con ellos mismos acerca de por qué son cómo son, prestando poca atención al hecho de que hay vida y posibilidades a su alrededor. La gente camina dormida por la vida, sin prestar atención a su necesidad de realización, sin descubrir qué o quienes pueden llegar a ser.
La brecha entre potencial básico y potencial actual es individual; incluso si consigues un éxito a los ojos de la sociedad en la que vives, puedes experimentar un sentimiento de insatisfacción en tu vida. Un practicante enseña a la persona a realizar su potencial y llegar a ser quienes son de forma genuina.
La fuerza de voluntad
Ejercer tu voluntad es la manifestación en la realidad de aquello que deseas conseguir a través de tu energía y atención. Se trata de un acto que implica todo tu ser y es un reflejo de nuestro potencial básico. Con el fin de satisfacer este potencial necesitamos tener claridad, mantenernos enfocados y enfrentarnos al miedo y al dolor que inevitablemente surgen cuando ponemos nuestro corazón en algo. Si no, cualquier posible logro es solo mental y por tanto sin la pasión y la fuerza necesarias para crear un impacto en la realidad.
Es una creencia común que las circunstancias determinan aquello que es posible. La gente, muy a menudo, se sienten víctimas de una situación y no se dan cuenta de que pueden utilizar su voluntad y transformarla; reaccionan de forma habitual en lugar de escoger quién y cómo ser para conseguir lo que quieren. A menudo, cuando las personas quieren algo, hablan, piensan o fantasean sobre ello, pero raras veces hacen algo para alcanzarlo. Están muy ocupados pensando en lo que quieren y no se cuestionan cómo conseguirlo. Otros, no están seguros de si tienen la fuerza de voluntad necesaria o de dónde pueden “sacarla”.
Querer algo o desear llevar a cabo un sueño asusta y puede llegar a ser doloroso ya que existe la posibilidad de que no lo consigamos. Si a este miedo y dolor, les añadimos nuestros fracasos y los errores cometidos, acabamos teniendo una imagen de nosotros mismos que tiene que ver más con el pasado que con nuestras posibilidades hoy en día.
El Método Grinberg enseña a la persona a querer algo con todo su ser; a querer no sólo desde su mente sino desde todo su cuerpo –es así como corazón, ideas, necesidades y talentos genuinos de la persona llevan una misma dirección. Los clientes aprenden una forma disciplinada de usar su atención y la practican en sus vidas para darse cuenta de cuándo están reaccionando de manera automática en lugar de escoger lo que quieren. Aprenden a reducir el efecto de su historia en la manera en cómo se perciben a si mismos y a tratar con el miedo y el dolor que esto implica. El Método Grinberg enseña a las personas a alcanzar un estado en el que pueden utilizar su fuerza de voluntad para conseguir lo que desean; esto les llevará a ser más fuertes, más competentes y a conseguir la confianza necesaria para llevar a cabo sus sueños.
Liberarse del pasado
La gente desconoce la posibilidad de dejar de repetir un comportamiento o un estado de ánimo que han aprendido en su historia o de poner fin a una serie de síntomas recurrentes. Nuestro pasado está cargado de conclusiones que arrastramos hasta nuestro presente. Algunas provienen de una situación traumática y otras, de situaciones repetitivas. Por ejemplo, si aprendimos a ser desconfiados en nuestra juventud, continuaremos más adelante abordando situaciones y gente con la misma desconfianza. Nuestra percepción de lo que está pasando ahora a través de la lente de lo que pasó en el pasado nos impide tener una percepción clara del presente. Miedo o dolor antiguos procedentes de un trauma o de una situación repetitiva pueden quedar almacenados en el cuerpo. Cada vez que algo que nos asusta o nos hace daño sucede en la realidad, este miedo o dolor antiguo se despierta y lo experimentamos como si el pasado estuviera sucediendo ahora. Cuanto más tiempo pasa, más recreamos nuestro pasado y más fuerte es su efecto en nuestra voluntad y en nuestra atención. Como resultado, mucha gente vive prisionera, con el sentimiento de que nada cambia y de que nunca cambiará.
Cuando nuestra vida es el resultado de viejas conclusiones, nos repetimos automáticamente sin pensar y sin darnos cuenta de lo que requiere la situación en el presente. Continuamos viviendo de promesas que nos hicimos hace muchos años, como un niño que juró no llorar o amar de nuevo. Vivir en el pasado nos hace perder la alegría. La vida se vuelve aburrida, rutinaria, sin apenas color o intensidad. Perdemos la posibilidad de observar la vida con ojos brillantes y de participar en ella con toda nuestra atención. Cuando reducimos el efecto de esta historia, podemos tener acceso a nuevas experiencias, oportunidades y soluciones, así como a un nuevo futuro. La experiencia de libertad es el resultado de percibir y vivir la realidad en el “ahora”.
El Método Grinberg tiene como objetivo enseñar a la gente a trasladar su atención del pasado al presente para que puedan aprender nuevas lecciones. En un proceso, el cliente se hace consciente de estados de ser automáticos aprendidos en la historia, cómo los mantiene en el cuerpo hoy en día y cómo puede pararlos. De esta manera aprende a adaptarse a la realidad en lugar de reaccionar a situaciones y circunstancias como lo hacía en el pasado. Y, por último, gana libertad y puede participar de un futuro que encaje con sus deseos y su potencial.
La autoimagen
La capacidad de observarse con la intención de aprender y así no repetir los mismos errores una y otra vez, es una posibilidad propia de la atención humana. Sin embargo, las personas deforman esta capacidad y la utilizan para estar ocupadas con ellas mismas, juzgándose, tratando de entenderse o explicarse a si mismas. Estar ocupado en mi mente sobre mi aspecto, comparándome a los demás, dándole importancia a lo que las otras personas dicen o piensan sobre mí, evaluándome constantemente, juzgando mi cuerpo y mis logros, manteniendo conclusiones que saqué en el pasado de mi mismo o dándome órdenes son algunas de las obsesiones que conforman mi autoimagen.
La autoimagen puede ser buena o mala y la mayoría de las personas oscilan entre estos dos estados: en uno se ven despreciables y en el otro se ven por encima de los demás. Algunas personas pueden pasarse la vida prestando atención únicamente a diferentes aspectos de su autoimagen. Se hablan a si mismos sobre este tema, acaban creando sentimientos alrededor de esto, imaginan que todo podría ser diferente y acaban volviéndose envidiosos y llenos de odio hacia los demás. Incuso cuando hacen algo para los demás, lo hacen en realidad para sentirse bien con ellos mismos. Este egocentrismo lleva a vivir en una realidad privada y aislada en la que la persona esta rodeada de espejos, creando una existencia extremadamente pequeña. La mayoría de las personas no se dan cuenta de que su atención está dirigida a su autoimagen. E incluso, si se dan cuenta, les parece imposible pararlo. Es como si estuvieran hipnotizados por ellos mismos.
Uno de los objetivos fundamentales del Método Grinberg es llevar la atención de la persona a su cuerpo, de esta manera, su vida se hace más real al tiempo que disminuye la fuerza de sus obsesiones. Un cliente aprende a dirigir su atención y su percepción hacia afuera, para hallar un valor en la vida más que en si mismo, para actuar sin inhibiciones y sin dudas y poder ofrecer al mundo lo mejor de si mismo.
Prestar atención afuera. El mundo interior y la realidad
Dirigir la atención “hacia adentro”, hacia un lugar privado y personal que creemos que nadie puede ver, es una actividad normal y cotidiana para mucha gente. El “mundo interior” representa una versión propia de la realidad en la que enfocamos nuestra atención sólo a determinados aspectos de las personas, las circunstancias o las situaciones. El resultado es la convivencia de dos realidades paralelas: lo que es y lo que parece ser desde las interpretaciones realizadas por este mundo interior. A menudo, estas interpretaciones pueden parecer más reales que la realidad misma. Por ejemplo, al abordar una situación sobre la que alguien tiene una gran cantidad de ideas preconcebidas, la persona estará más preocupada con estas opiniones y creencias que en prestar atención a lo que está pasando en el momento.
Las personas dirigen su atención hacia adentro porque parece más seguro y tienen la impresión de que así nada puede afectarles. Pueden reorganizar acontecimientos y sentimientos, evitar la ofensa y el dolor, echar las culpas a alguien o quedarse estancados sintiéndose culpables y avergonzados.
Un proceso de aprendizaje según el Método Grinberg tiene como objetivo enseñar al cliente a dejar de prestar atención a su mundo interior, enseñándole a ampliar su conciencia corporal, a reducir su diálogo interior y a permitirse silencio. Con esto conseguimos que la persona preste atención a la realidad. Cuánta más atención tiene, cuanto más puede dirigirla y enfocarla hacia afuera, mayor será la intensidad de la experiencia y con ello vendrá una sensación de salud, energía, bienestar y alegría por estar vivo.
Creatividad
El Método Grinberg define la creatividad como un estado y una forma de hacer que está fuera de los límites habituales de nuestra capacidad y atención. Es un lugar desde el que superamos los límites establecidos en el pasado, pasamos por nuevas experiencias y conseguimos resultados distintos.
La gente que tiene su atención atrapada en el mundo interior, que están ocupados con la imagen que tienen de si mismos y que mantienen rutinas aprendidas en el pasado, raramente tendrá la posibilidad de ser creativos. En lugar de intentar buscar nuevas soluciones, repetirán lo que ya no funcionó anteriormente, respondiendo con las mismas reacciones automáticas y creando círculos repetitivos en sus vidas. De esta manera se aseguran de que la historia se repite.
Al llevar nuestra atención al cuerpo descubrimos una fuente de creatividad. La persona es capaz de cambiar, de aprender nuevos conceptos, de encontrar soluciones nuevas y diferentes y de expresarse plenamente y con total libertad. Desde este lugar un profesional puede dirigir su negocio de forma creativa, adaptándote a nuevos conceptos, situaciones y exigencias.
El Método Grinberg enseña a parar y eliminar viejas costumbres que hacemos sin atención y a utilizar nuestro cuerpo desde un lugar más creativo, enriqueciendo nuestra manera de expresarnos y nuestra capacidad para encontrar nuevas direcciones, caminos, ideas, respuestas y soluciones.
La responsabilidad personal: parar
Mucho del sufrimiento humano es consecuencia de lo que la gente se hace a si misma. Sin embargo, la opinión general es que somos víctimas de nuestro pasado, de nuestras circunstancias, de nuestro entorno y que no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. En lugar de experimentar el miedo y el dolor presentes en cualquier experiencia, reaccionamos a ellos sin atención y hacemos responsables de lo que pasa a alguien o a algo.
En lugar de repetir el pasado y actuar como víctimas en el presente, podemos ampliar nuestra percepción de quién somos y cómo respondemos y de esta manera tomar más responsabilidad en nuestras vidas. Por ejemplo, una persona está asustada dentro de una situación determinada y reacciona respirando menos, contrayendo el diafragma y los hombros, bloqueando las rodillas, preocupándose y criticándose, odiando la situación y queriendo desaparecer. Si la persona aprende a prestar atención a todos estos aspectos, los reproduce a propósito y los aprende a parar, la próxima vez que se encuentre en la misma situación, podrá escoger una nueva posibilidad. La persona podrá evitar caer en la reacción relajando los hombros y el diafragma, desbloqueando las rodillas, respirando de forma diferente y dejando de criticarse y culpar a los demás. De esta manera la persona se hace responsable de quién es dentro de la situación y da la posibilidad de que algo nuevo suceda.
El Método Grinberg tiene como objetivo enseñarte tu responsabilidad en las situaciones en las que te involucras. Puedes aprender a ampliar tu atención al cuerpo y a intensificar el comportamiento repetitivo que aparece en estas situaciones (cómo sujetas el cuerpo, qué tensiones creas, cómo respiras, tu manera de pensar y de responder emocionalmente) y tomar la responsabilidad de pararlo.
La disciplina de la atención y del aprendizaje
El Método Grinberg contempla la posibilidad humana de compartir una misma realidad en lugar de estar aislado en una realidad privada. Esto requiere no tener un punto fijo de referencia basado en nuestro pasado o una serie de suposiciones, creencias e interpretaciones sobre la vida y sobre nosotros mismos.
Reducir el poder de nuestro mundo interior y disminuir la fuerza de nuestras interpretaciones de la realidad nos acerca a quienes somos. Es necesaria una práctica constante para dominar una disciplina que nos permite ampliar nuestra percepción y que nos da una visión y una experiencia de la realidad más completa y profunda. Necesitamos entrenar nuestra atención constantemente para evitar quedarnos fijados en un punto de referencia, atrapados en la mente, viviendo dentro de una realidad individual y olvidando la capacidad de percibir la vida con todo el cuerpo.
La práctica de esta disciplina hace posible transformar el miedo en fuerza, ganar perseverancia y hacer de nuestra voluntad algo firme. La práctica nos recuerda que el estar vivos es un regalo temporal, que la vida es corta y que puede finalizar en cualquier momento. El entrenamiento nos da entusiasmo, mantiene viva nuestra atención y nos acerca a un punto de referencia desde el que podemos aprender continuamente. Mantener una actitud de estudiante no nos permite quedarnos sentados cómodamente y dormirnos. Nos pide que sistemáticamente crucemos los límites de nuestra manera habitual de ser. Nuestras experiencias forman parte de una corta aventura dentro de una realidad más grande que nos rodea y de la que podemos disfrutar como participantes en lugar de ser espectadores.
Amar la vida – mantenerse joven, sano y curioso
Poca gente disfruta y ama la vida. Muchos están resentidos, frustrados o simplemente dormidos y viven como autómatas. En determinadas ocasiones, la gente expresa – en silencio a si mismos o a otras personas – el deseo de morir que puede estar teñido de odio hacia ellos mismos o hacia todo ser viviente. Amar la vida quiere decir quererla, siempre. Y ya que es corta y preciada, mejor que sea interesante e intensa. Es como estar enamorado, estado que mucha gente ha olvidado. El dolor del pasado continúa en el presente y avanza hacia el futuro, la vergüenza, la culpa, el culpabilizar a los demás, el enfado y otros sentimientos parecidos persisten y la imagen que uno tiene de si mismo reduce los colores y la belleza de las diferentes experiencias.
La mente atribuye las mismas interpretaciones a experiencias distintas; de este modo, estas experiencias pierden su unicidad y se vuelven comunes unas a otras. Hacerse viejo implica quedarse arraigado a unas rutinas fijas, tener las mismas creencias, pasar continuamente por los mismos pensamientos, repetir las mismas acciones y perder lentamente la atención a todo lo que hay alrededor. Si comparamos a dos personas enamoradas al principio de la relación y en diez años podemos observar que las rutinas cotidianas han matado la magia que había al principio; se han vuelto dos extraños que juegan el mismo juego una y otra vez sin estar presentes realmente. Repetir algo incansablemente nos hace viejos y la atención y energía que gastamos en evitar el miedo y el dolor de estas situaciones puede hacer de nuestra vida una existencia limitada y aburrida a la que, en general, queremos poner fin.
Mantenerse joven implica practicar una disciplina dirigida a parar rutinas, tener control sobre nuestra atención, ampliar nuestra curiosidad, aprender sobre el miedo y el dolor y mantener una relación sana con el cuerpo. Podemos acumular años, pero no como una carga. Podemos almacenar memorias y experiencias sin tener que revivirlas una y otra vez. Amar la realidad significa querer estar en ella, querer verla, tocarla, sentirla. La realidad está viva, es cambiante y diferente en cada momento. Y si le somos leales, podemos mantenernos tan jóvenes como ella.
El Método Grinberg enseña el modo en que podemos mantenernos “jóvenes” mientras vivimos y disfrutamos de este momento. Enseña cómo vivir la vida desde todo el cuerpo y el placer que esto conlleva. Se enfoca en cualidades como la curiosidad, el interés, las ganas de aventura, la voluntad de aprender nuevas cosas y de implicarse y la posibilidad de hacer todo esto desde el cuerpo.